En 1990, Debbie Owen pensaba que su vuelo de British Airways desde Ghana al Reino Unido sería rutinario. Estaba embarazada de siete meses, viajaba sola con su hija Claire, de cuatro años, y su marido se había quedado en el país.
Sin embargo, poco después del despegue, lo que había comenzado como leves pinchazos se convirtió en contracciones. Aunque su bebé debía nacer siete semanas más tarde, Owen se dio cuenta de que la pequeña tenía otros planes. A pesar de que una revisión médica reciente le había dado el visto bueno para viajar, estaba claro que el parto iba a adelantar.
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